Hacerse un tatuaje es una decisión personal, muchas veces cargada de emoción y significado. Pero cuando una mujer está embarazada, es normal que surjan dudas extra antes de dar ese paso. Una de las preguntas más comunes es si hacerse un tatuaje durante el embarazo puede traer algún riesgo, tanto para la madre como para el bebé. La respuesta corta es que no es lo más recomendable, y vale la pena entender bien por qué antes de decidir.
Qué pasa en el cuerpo durante el embarazo
Durante el embarazo el cuerpo cambia mucho, aunque a veces no se note a simple vista. El sistema inmunológico se vuelve más sensible, la piel reacciona distinto y cualquier pequeña infección puede complicarse más de lo habitual. Un tatuaje, por muy bien hecho que esté, sigue siendo una herida abierta que necesita cicatrizar correctamente.
Estos cambios no significan que todo vaya a salir mal, pero sí hacen que el cuerpo esté menos preparado para enfrentar procesos como la curación de un tatuaje.
Riesgo de infecciones
Uno de los principales riesgos tiene que ver con las infecciones. Al tatuarse, la piel se perfora muchas veces con agujas. Si el estudio no cumple con normas estrictas de higiene o si el material no está bien esterilizado, existe riesgo de infecciones en la piel y, en casos más serios, de enfermedades transmitidas por la sangre.
Aunque no es algo común cuando el tatuador es responsable, durante el embarazo cualquier riesgo adicional conviene evitarlo.
Las tintas y sus componentes
También está el tema de las tintas. No todas las tintas son iguales ni todas tienen la misma calidad. Algunas pueden contener metales u otros componentes que no siempre están bien regulados.
No hay estudios claros que demuestren que las tintas afecten directamente al bebé, pero tampoco existe total seguridad de que no lo hagan. Por eso, muchos médicos prefieren recomendar prudencia antes que asumir un riesgo innecesario.
Problemas de cicatrización y cambios en la piel
Durante el embarazo, la piel suele estar más sensible y propensa a inflamarse. Además, zonas como el abdomen, los senos o las caderas cambian de tamaño con el paso de los meses.
Un tatuaje hecho en estas áreas puede deformarse después del parto. Un diseño que hoy se ve bonito puede perder su forma cuando la piel vuelve a su tamaño normal.
El dolor y el estrés
El dolor es otro factor a tener en cuenta. Cada persona lo tolera de manera diferente, pero muchas mujeres embarazadas se vuelven más sensibles.
El dolor intenso y el estrés no son lo ideal en esta etapa. Aunque un tatuaje pequeño no suele ser insoportable, sigue siendo una experiencia que puede generar tensión innecesaria.
¿Existe un momento más seguro para tatuarse?
Algunas personas creen que el segundo trimestre es un momento más seguro, pero la realidad es que no hay un período completamente libre de riesgos.
Por esa razón, la recomendación más común es esperar hasta después del parto y, si es posible, hasta terminar la lactancia. De esa forma, el cuerpo estará en mejores condiciones para cicatrizar y enfrentar cualquier complicación.
Si aun así decides hacerlo
Si una mujer decide tatuarse estando embarazada, hay precauciones que no deberían ignorarse. Es fundamental acudir a un tatuador con experiencia comprobada, que trabaje en un local limpio, use agujas desechables y materiales esterilizados.
También es importante evitar tatuajes grandes, elegir zonas poco sensibles y cuidar mucho la curación, limpiando bien el área y vigilando cualquier signo extraño como enrojecimiento excesivo, dolor persistente o secreción.
Un error común es pensar que un tatuaje pequeño no representa ningún riesgo. Aunque el tamaño influye, el riesgo nunca es cero.
La realidad en La Habana
En La Habana, muchos tatuadores trabajan de forma independiente y no siempre en estudios formales. No todos los lugares cuentan con las mismas condiciones de higiene ni con insumos de primera calidad.
Durante el embarazo conviene ser más estricta de lo habitual y no confiarse solo por recomendaciones de conocidos.
Al final, hacerse un tatuaje puede esperar. El embarazo es una etapa temporal, pero la salud de la madre y del bebé es prioridad. Esperar unos meses puede evitar preocupaciones innecesarias y permitir disfrutar el tatuaje con más tranquilidad cuando el cuerpo esté listo.
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