Errores comunes al fumigar el hogar

Fumigar la casa es una de esas tareas que casi todo el mundo en La Habana ha hecho alguna vez, ya sea por mosquitos, cucarachas, hormigas o chinches. El problema es que muchas personas fumigan por intuición, repitiendo lo que “siempre se ha hecho”, y ahí es donde empiezan los errores. Algunos no solo hacen que la fumigación no funcione, sino que pueden ser un riesgo para la salud o una pérdida de dinero.

Hablar de los errores más comunes ayuda a evitarlos y a que el esfuerzo realmente valga la pena.

Usar más producto del necesario

Uno de los errores más frecuentes es pensar que “si le echo más, mata más”. En la práctica, esto no funciona así. Los insecticidas vienen diseñados para usarse en proporciones específicas. Si se concentra demasiado el producto, no solo no mejora el resultado, sino que puede dejar olores fuertes, manchas y residuos peligrosos en la casa.

Por ejemplo, muchos productos líquidos que se venden en La Habana están pensados para diluirse en uno o dos litros de agua. Echar el frasco completo en medio cubo no lo hace más potente, solo más tóxico. Además, algunos insectos desarrollan resistencia cuando se les expone constantemente a dosis incorrectas.

Fumigar sin limpiar antes

Otro error común es fumigar con la casa sucia o desordenada. Restos de comida, grasa en la cocina, migas en el piso o basura mal cerrada atraen a los insectos, sin importar cuántas veces se fumigue.

Antes de aplicar cualquier producto, conviene barrer, trapear y limpiar bien las áreas clave: detrás del refrigerador, debajo del fregadero, rincones del baño y zonas donde se acumula humedad. Si no se hace esto, la fumigación dura poco y el problema regresa en días.

No identificar el tipo de plaga

No todos los insectos se eliminan igual. Fumigar sin saber exactamente qué se quiere combatir es otro error muy común. No es lo mismo tratar mosquitos que cucarachas, hormigas o chinches.

Por ejemplo, para los mosquitos suele ser más efectivo eliminar criaderos de agua estancada que solo fumigar. En el caso de las cucarachas, muchas veces el problema está en grietas, drenajes o electrodomésticos. Las chinches, en cambio, requieren un tratamiento más cuidadoso y repetido, sobre todo en colchones y muebles.

Usar un producto genérico sin saber contra qué se está luchando suele dar resultados pobres.

Fumigar y quedarse dentro de la casa

Hay personas que fumigan y se quedan dentro porque “ya lo han hecho antes y no pasó nada”. Este es un error peligroso. Aunque el olor no sea fuerte, muchos productos tienen vapores que pueden causar mareos, irritación en los ojos o problemas respiratorios.

Lo recomendable es fumigar, cerrar la vivienda el tiempo indicado en el envase (generalmente entre 1 y 3 horas) y luego ventilar bien antes de volver a entrar. Abrir puertas y ventanas durante al menos 30 minutos ayuda a eliminar residuos del aire.

No proteger alimentos y utensilios

Otro fallo habitual es dejar platos, vasos, ollas o alimentos expuestos durante la fumigación. Los residuos del insecticida pueden quedarse en esas superficies y terminar siendo ingeridos.

Antes de fumigar, conviene guardar todo lo que tenga que ver con comida o cubrirlo bien. Después, es buena idea lavar nuevamente las superficies donde se cocina o se come, aunque no se vean restos del producto.

Pensar que una sola fumigación resuelve todo

Muchas plagas requieren más de una aplicación. Fumigar una vez y asumir que el problema quedó resuelto suele llevar a frustración. Huevos y larvas no siempre mueren en la primera fumigación, y al cabo de unos días reaparecen los insectos.

En muchos casos se recomienda repetir el proceso a los 7 o 15 días, dependiendo del producto y del tipo de plaga. No hacerlo es uno de los motivos principales por los que la gente siente que “la fumigación no sirve”.

Usar productos vencidos o mal almacenados

En Cuba es común guardar insecticidas durante años “por si acaso”. El problema es que muchos productos pierden efectividad con el tiempo, sobre todo si han estado expuestos al calor o al sol.

Antes de usar cualquier insecticida, conviene revisar si tiene fecha de vencimiento o, al menos, verificar que no esté separado, con mal olor o aspecto extraño. Un producto en mal estado no solo es menos efectivo, también puede ser más peligroso.

Descuidar mascotas y niños

Un error grave es no tener en cuenta a niños pequeños y mascotas. Perros, gatos y aves son especialmente sensibles a muchos insecticidas.

Durante la fumigación, deben estar fuera de la vivienda, y no deben volver hasta que el lugar esté bien ventilado. También es importante no dejar restos de producto en el piso o en zonas donde puedan lamer o tocar.

Fumigar el hogar puede ser una solución efectiva si se hace con cuidado y sentido común. Evitar estos errores ayuda a proteger la salud, ahorrar dinero y, sobre todo, lograr que el problema realmente se controle. A veces no se trata de fumigar más, sino de hacerlo mejor.


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