Cómo saber cuándo cambiar el cepillo de dientes

Lavarse los dientes es una costumbre diaria tan automática que casi nunca pensamos en el estado del cepillo que usamos. Muchas personas siguen cepillándose con el mismo durante meses, incluso cuando ya no cumple bien su función. Saber cuándo cambiar el cepillo de dientes es más importante de lo que parece, porque influye directamente en la salud de la boca y en la prevención de caries, infecciones y problemas en las encías.

Por qué no conviene usar un cepillo viejo

El cepillo de dientes no dura para siempre. Con el uso diario, las cerdas se van deformando, se abren y pierden firmeza. Cuando esto pasa, el cepillo ya no limpia igual. Puede parecer que uno se está cepillando bien, pero en realidad quedan restos de comida y placa entre los dientes y cerca de las encías.

Además, un cepillo muy usado acumula bacterias. Aunque se enjuague después de cada uso, la humedad constante favorece que se queden microbios entre las cerdas. Con el tiempo, eso puede provocar mal aliento o pequeñas infecciones en la boca.

La regla general: cada tres meses

Como orientación básica, lo más recomendable es cambiar el cepillo de dientes cada tres meses. Esta regla funciona bien para la mayoría de las personas y es fácil de recordar. Por ejemplo, si cambiaste el cepillo al comenzar enero, lo ideal sería poner uno nuevo a principios de abril.

En la práctica cubana, donde a veces no siempre hay cepillos disponibles en el momento exacto, conviene estar atento a las señales de desgaste más que al calendario.

Señales claras de que ya toca cambiarlo

El estado de las cerdas es la mejor pista. Si notas que están abiertas hacia los lados, aplastadas o con puntas dobladas, el cepillo ya cumplió su ciclo. Un cepillo en buenas condiciones tiene las cerdas rectas y firmes.

Otra señal es la sensación al cepillarte. Si sientes que no limpia igual, que tienes que hacer más fuerza o que no llegas bien a ciertas zonas, probablemente el cepillo ya no sirve.

También hay que cambiarlo si el mango está dañado o si el cepillo se ve sucio incluso después de lavarlo bien.

Después de una gripe o infección

Un punto que mucha gente pasa por alto es cambiar el cepillo después de haber estado enfermo. Si tuviste gripe, infección en la garganta, fiebre o cualquier enfermedad contagiosa, lo más prudente es usar un cepillo nuevo una vez que te recuperes.

Seguir usando el mismo cepillo puede favorecer que queden bacterias o virus en las cerdas, lo que no es lo ideal cuando el cuerpo ya está tratando de recuperarse.

Cepillos infantiles y niños pequeños

En los niños, el cepillo suele durar menos tiempo. Ellos tienden a morderlo, jugar con él o cepillarse con más fuerza de la necesaria. Por eso, en muchos casos hay que cambiarlo antes de los tres meses.

Un cepillo infantil con cerdas abiertas o mordidas no limpia bien y puede lastimar las encías. Revisarlo cada pocas semanas es una buena costumbre.

Qué pasa si lo cambias muy tarde

Usar un cepillo gastado no solo limpia peor, también puede dañar las encías. Las cerdas deformadas rozan de forma irregular y pueden causar irritación, sangrado o sensibilidad.

Además, un cepillo viejo no elimina bien la placa bacteriana, lo que aumenta el riesgo de caries, mal aliento y problemas en las encías. A largo plazo, eso puede terminar en tratamientos más complicados y costosos.

Consejos prácticos para que el cepillo dure lo justo

Para que el cepillo se mantenga en buen estado durante su tiempo de uso, conviene enjuagarlo bien después de cada cepillado y dejarlo secar al aire, sin taparlo. Guardarlo húmedo dentro de un estuche cerrado favorece la acumulación de bacterias.

No es buena idea compartir el cepillo, ni siquiera entre personas de la misma familia. Cada boca tiene sus propias bacterias.

Tampoco hace falta apretar con fuerza al cepillarse. Cepillarse duro no limpia mejor y hace que el cepillo se desgaste más rápido.

Alternativas cuando no hay cepillos disponibles

En momentos en que no es fácil conseguir cepillos nuevos, es importante al menos revisar bien el que se está usando. Si las cerdas aún están firmes y limpias, se puede estirar un poco su uso, pero siempre con cuidado.

En cuanto aparezcan señales claras de desgaste, lo mejor es buscar reemplazo lo antes posible, aunque no sea el modelo ideal.

Cambiar el cepillo de dientes a tiempo es un gesto sencillo que marca una gran diferencia en la salud bucal. No requiere grandes gastos ni esfuerzos, solo un poco de atención y hábito. Un cepillo en buen estado ayuda a mantener la boca limpia, las encías sanas y evita problemas que después son más difíciles de resolver.


Publicado

en

por

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *