Si alguna vez has escuchado frases como “ese perro no aprende porque es sato” o “eso es perder el tiempo, esos perros son brutos”, no estás solo. En Cuba esa idea está bastante extendida. Mucha gente cree que solo los perros de raza sirven para obedecer órdenes, cuidar una casa o aprender trucos. Pero la realidad es otra, y vale la pena aclararla, sobre todo si tienes un perro sato en casa o estás pensando en adoptar uno.
Si notas que tu perro, sea sato o de raza, tiene problemas para obedecer órdenes básicas, halar la correa o comportarse en la casa, a veces contar con ayuda profesional marca la diferencia. Un entrenador de perros en La Habana puede orientarte según la edad, el carácter y el entorno del animal, usando métodos sencillos y adaptados a la vida diaria, sin necesidad de técnicas complicadas ni gastos excesivos.
¿Qué es realmente un perro sato?
Antes de hablar de aprendizaje, hay que entender algo básico. Un perro sato no es un perro “sin valor”. Simplemente es un perro mestizo, sin una raza definida. La mayoría de los perros que vemos en barrios, solares y casas en La Habana entran en esta categoría.
Eso no los hace menos inteligentes. De hecho, muchos satos combinan cualidades de varias razas: resistencia, astucia, capacidad de adaptación y, sobre todo, una gran conexión con las personas.
¿Pueden aprender igual que un perro de raza?
La respuesta corta es sí. Un perro sato puede aprender igual que cualquier otro perro. La diferencia no está en la raza, sino en tres factores clave: constancia, forma de enseñar y vínculo con el dueño.
Hay perros de raza que nunca aprenden porque nadie les dedica tiempo, y hay satos que entienden órdenes básicas en pocos días. El cerebro de un perro funciona por asociación: repite lo que le trae algo bueno y evita lo que no.
Qué cosas puede aprender un perro sato
Un sato puede aprender perfectamente:
- A sentarse, acostarse y quedarse quieto
- A caminar con correa sin halar
- A hacer sus necesidades en un lugar específico
- A cuidar la casa y alertar cuando llega alguien
- A convivir con niños y otros animales
Incluso puede aprender trucos más complejos si se trabaja con paciencia. No hay un “límite mental” por ser mestizo.
Cómo empezar a educarlo con lo que tienes en casa
No necesitas juguetes caros ni comida especial importada. En la realidad cubana se puede trabajar con cosas sencillas.
Premios:
Un pedacito de pan, arroz con algo de sabor, un trocito pequeño de carne o pollo cocido sin sal. No hace falta mucho, solo algo que le guste.
Tiempo:
Con 10 o 15 minutos al día es suficiente. Es mejor poco tiempo todos los días que una hora una vez al mes.
Lugar:
Empieza en un espacio tranquilo de la casa o el patio, sin muchas distracciones. Luego se puede practicar en la calle.
Errores comunes que impiden que aprenda
Aquí es donde muchos fallan y luego dicen que el perro “no sirve”.
Uno de los errores más comunes es gritar o pegar. El perro no aprende mejor con miedo, aprende a desconfiar. Otro error es cambiar las órdenes. Si hoy dices “siéntate” y mañana “siéntate ahí”, el perro se confunde.
También pasa mucho que varias personas le dan órdenes distintas. Si uno le permite subirse al sillón y otro lo regaña, el perro no entiende qué está bien y qué está mal.
La edad no es una excusa
Otro mito muy común es pensar que si el perro es adulto ya no aprende. Eso no es cierto. Un perro mayor puede aprender, solo que quizás necesite un poco más de paciencia. He visto perros satos de más de cinco años aprender a caminar con correa en pocas semanas.
El vínculo hace la diferencia
Los perros satos suelen crear un vínculo muy fuerte con quien los cuida. Si el perro siente que lo respetas, lo alimentas y lo proteges, estará más dispuesto a obedecer y a aprender.
Hablarle con calma, mirarlo cuando le das órdenes y repetir siempre el mismo gesto ayuda muchísimo. Los perros entienden más el tono y el movimiento que las palabras en sí.
¿Vale la pena educar a un perro sato?
Definitivamente sí. Un perro educado es más tranquilo, causa menos problemas y se integra mejor a la familia y al barrio. Además, educarlo fortalece la relación entre ustedes.
No es cuestión de tener un perro perfecto, sino uno que entienda reglas básicas para convivir mejor.
Un perro sato no es un problema, es una oportunidad. Con tiempo, paciencia y cariño, puede sorprenderte más de lo que imaginas.
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